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lunes, 7 de febrero de 2011

PROSAS PRESAS EN SU VERDE MIRADA

6/2/11
Ayer 5 de febrero su compañía ha sido para mí una tranquilidad en mis letras, saberse mis letras juzgadas por la musa.
Usted en cada encuentro me sorprende, no sé si es su hábito el impresionar al otro, sin embargo me gusta. Me pregunta que si no camina mal en zapatillas ¿Acaso sé yo esa técnica de maniobrar los pies sobre un tacón de un centímetro de circunferencia cuando los míos están acostumbrados a unos zapatos con tacón parejo? Le respondí que no, que efectivamente usted era una artista manejando sus pies en esa incomodidad para mí.
Pero qué elegante se veía usted, su cabello, una cascada nocturna cubriéndole su cuello, sus ojos, el último pincelazo verde de mi tarde; por un momento no la reconocí, mis ojos ya se han familiarizado con su casual vestimenta que cobijan su delgada y ligera figura, aunque me parece que ha adelgazado un poco más.
Tanta fue la impresión de mis letras que quedaron para siempre en sus manos. Consciente estoy en que no se dejan al azar las creaciones literarias. Usted me pide en un arranque de no sé qué mi carpeta. Pero antes de eso, le pregunto que si identificó el poema que recité (usted ya lo conocía) en verdad lo recité para usted, aunque no haya limitado mi mirada en la suya, porque eso llevaba a varias interpretaciones en el público. La primera vez que le entregué ese poema solo era un boceto, ahora ya era un poema, sin embargo no es el poema con que la quiero precisar en mi vida, ese ya está próximo; me responde con añadida seriedad que no, que no identificó el poema, después sus labios diseñan una sonrisa culpable y es entonces cuando me pide la carpeta, me argumenta que quiere leer los poemas, como es usted el alma de esas palabras, no pude negarme y le solté la carpeta, la observo de reojo y veo que se detiene un rato en el poema que minutos antes le había recitado, a continuación me devuelve mi carpeta, sin contenido, y con cierta autoridad me grita.
—me quedo con los poemas.
Un tanto confundido y temeroso por su mirada, me quedo callado y sólo alcanzo a musitar estas palabras; no, no, los poemas no te lo puedes llevar, —pero qué defensa más débil sobre mis escritos—. Finalmente acepto mi derrota con una sonrisa, ¿por qué habría de pelearme con la que me otorgó esas manifestaciones literarias: poemas? Finalmente esas palabras son suyas, son para usted, pero también debe saber que en ellas voy y estoy.

viernes, 21 de enero de 2011

SEGUNDA CARTA A LA MUSA

A mi lectora extranjera

Se preguntará ¿porque extranjera? diré sin titubeo, porque no nos conocemos.

Inclino mi respeto hacia los que se dan la gran tarea de deducir el oficio del amor a través de rosas, chocolates, dinero y miles de detalles para impresionar a la amada; inclusive con chantajes hasta lograr la tarea de la seducción, entonces creen haber abarcado el campo universal del amor y degustan la satisfacción. Yo no pretendo sorprenderla con esos hechos triviales, admito que en efecto son la otra parte del amor, pero no importantes.

He dejado pasar unos días, quizás para aclarar su respuesta que dio a mi pregunta.
Es probable que no haya dado una clara explicación en mi anterior escrito y le reitero nuevamente, todo acto lleva un objetivo y mi objetivo es que sepa a ciencia cierta que no solo me he acercado por el color verde inigualable de sus ojos que a veces me recuerdan a las náyades de los poetas de antaño, en parte ha sido por eso; pero el deseo de conocerla, de abarcarla, de intentar comprender su misticismo femenino, su indescriptible sentimiento, ha sido el eje principal que me impulsó a hablarle; y no inventar su rostro, sus manos, su cabello, mucho menos sus labios en un poema.

En cuanto a su respuesta, puede que los nervios me hayan atrofiado los oídos, pero creo haber oído que dijo que tendríamos que conocernos, aquí es donde cabe nuevamente la posibilidad de acudir a la palabra esperanza y en ella me he de aferrar para deducir su respuesta, porque créame, esa respuesta que usted dio es tan compleja como la duda que me dejó, entonces aún no disiparé mis sentimientos.

Debo aclararle que los sentimientos amorosos que iluminan en algún momento el deseo, la ilusión, con el transcurrir del tiempo se vuelven insustanciales y se adhieren al alma para después tornarse remembranzas.
Adelanto un poco de mi biografía no disimulando en lo absoluto, vengo de un lugar lejano y sencillo, del verde sur del estado de Oaxaca, donde las mujeres no poseen más color de ojos que el negro, sus cabelleras que se manifiestan afables al viento, eso y más he de platicarle si me lo permite.
Ya para terminar, la invito iniciar una comunicación verbal, pero mi inquietud y desesperación me obligan a realizarle una pregunta ¿Qué posibilidad hay de pensar el amor a su lado? si considera una infinita posibilidad entonces preciso es pedirle su número. En dado caso que las posibilidades que me trazan mis ilusiones fuesen vanas; entonces no requiero de un número y así seguir preservándola en el misterio, como cuando antes de atreverme al café. Y en nada me cautiva la magia de la amistad femenina, como la incertidumbre de su amor.
Nuevamente gracias

miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA PRIMERA CARTA A LA MUSA

A. Mi querida lectora
(No pretendo condenarla en una desesperación de lectura)

¿Su nombre? Francamente no lo sé pero la he llamado Esperanza, aunque la esperanza siempre es una divagación vana hacia el futuro y muchos la hemos adoptado quizá como una fe y por eso la he elegido como un sustituto de su verdadero nombre.

¿Motivos para escribirle? La bella ofuscación que me irradia el centelleo verde y misterioso de sus ojos cada vez que vengo a verla en este cuarto acompañada de maquinas y papeles que asemeja a un cuadro que enmarca su bien definido rostro sublime adornado con elegantes pecas diminutas que se exhiben curiosas y en sus mejillas se percibe el color rosa que pocas veces hace acto de travesura.
—Antes de proseguir, me disculpo de antemano, el no poder decirle todo esto con mi inquietante voz—
Aunque Jaime Sabines diga y recalque que las mejores palabras de amor están entre dos seres que no se dicen nada, lamento oponerme a su idea poética, pues mi inquietud me ha conducido a soltarle estas palabras quizá no amorosas pero sí disfrazadas con la intención.
¿Recuerda cuando le entregué el café? le diré lo que significó. Desde mi perspectiva fue un acto glorioso, ya lo venía planeando dos semana antes, pero el nerviosismo, como siempre sucede en muchos; me inmovilizaba, y cada vez que iba a la cafetería por un café que supuestamente era para usted, me lo terminaba tomando, por eso el aroma del café jamás llegaba a la papelería, su lugar de trabajo. En mi vida había realizado semejante acto, cierto, soy tímido y nunca supe en qué momento y de que manera me decidí, pero lo mejor es que el café por fin había llegado a su escritorio, a sus manos y a sus labios.
En ese momento quedé satisfecho, pero fue breve, por eso le escribo estas líneas. Además confieso que no escribo sólo por el hecho de escribirle. No, todo acto siempre lleva un propósito y el mío en este caso es: que tenga conocimiento de que me gusta, y no me refiero a ese gusto precipitado carente de emociones, sino un gusto que encierra la energía del sentimiento amoroso, preferible es decirle eso de una vez, puede que el tiempo se ponga celoso de mi confesión y me aniquile antes de que usted sepa mis ideas afectuosas.
—No se desespere, ya casi termino—
Ya sabe que me dedico a la poesía ¿verdad? O por lo menos comienzo a involucrarme en ella; pues los poemas que les he venido a sacar copias con usted, me delatan. Verá, desde que la vi, no diré que hubo “amor a primera vista” pero sí “inquietud a primera vista”, en mis ideas fantasiosas usted circuló como una imagen poética, como una musa, no obstante decidí negarme a ello, porque la poesía es un mundo iluso y todo lo que o los que habitan en ella son mera fantasía, y usted es tangible, visible y debido a mi suposición, accesible.
—Ya termino—
Me disculpo si le quité tiempo, sé que tiene mucho trabajo, eso de maniobrar con papeles y maquinas hacen que nuestra memoria se base en la impaciencia; pero era necesario esta manifestación o discurso como quiera llamarlo.
Esta carta podría abarcar más pero por ahora no lo pretendo. Lo que me gustaría, sería poder conversar a viva voz con usted, en un café, en la escuela, en una fonda económica, en el camión, en la entrada de algún lugar etc. También puede elegir. Sin más, si no quisiera que siguiera con mis confesiones y limitar esta sinceridad, no me molestaría en lo absoluto que me lo dijera, sólo era seguirle los pasos a mis sentimientos que hurgaron sus ojos.
Para terminar dígame algo, que opina ¿puedo proseguir? cuénteme, inquiéteme, alégreme. O ¿gusta un café? pero tendría que acompañarme ya que casi me caigo la otra vez con todo y café, es cierto yo no sé maniobrar. ¿Puedo seguirle escribiendo? Si usted me dice que sí, estaré de vuelta con una segunda carta, pero si dice que no, estaré de vuelta por unas copias más de la clase rutinaria.

Y muchas gracias.

domingo, 12 de diciembre de 2010

PROSAS PRESAS (DE LAS TANTAS CARTAS)

22/11/2010

Señorita mía, me ausenté una semana, pero no fue dolorosa la partida, conocí Oaxaca, Monte Albán, el Tule, Mitla, Santo Domingo y lo mejor fue conocer a Francisco Toledo, el pintor de lagartijas y bichos. Me he retratado con él, muy sencillo el tipo, despreocupado por la presentación, cosa que alabo.
Escribí muy poco, de hecho sólo hice borradores, bocetos de ideas, aunque confieso escribí una carta literaria a una mesera, fue en agradecimiento a su servicio que nos brindó durante una semana, siempre se portó muy atenta, amable y no exageraría en comentarle a usted que sentí pena por su maravillosa atención y me vi obligado a escribirle sólo una carta.
A usted la pensé, sí, muy poco, pero fue debido al clima hermoso, cálido, al paisaje verde y alegre, así que no me siento culpable el no haberla pensado, estuvo bien, si no habría estado en desorden mis ideas. ¿Cómo le fue a usted en su viaje?
Ya tiene rato que no la veo ¿sigue usted tan hermosa y bella con su verde mirada como su costumbre? Yo sigo tan distraído como siempre, algunas compañeras me regañan porque no las saludo, según ellas, y quizá tengan razón.
Ya casi termina el semestre y probablemente en el próximo semestre ya no nos veamos debido a su horario de trabajo, pero descuide le llegarán algunas cartas como hasta ahora.
Me despido de usted Señorita mía, porque el sueño me exige abandonar esta tarea tan linda de escribirle.
Hasta pronto

PROSAS PRESAS (DE LAS TANTAS CARTAS)

22/11/2010
En la entrevista pasada que mantuvimos usted dio una respuesta inteligente y por demás literaria que me conmovió en lo absoluto. En un arranque de deseo pedí que rompiera las primeras tres cartas que le había mandado y de ahí partió todo nuestro coloquio de tarde.
Su respuesta fue la siguiente cuando le dije que había corregido las cartas
—corregir las cartas es corregir los pensamientos— No pude decir nada, mi silencio fue un acto de placidez.
Su respuesta tuvo cierto rango estético y emocional, y eso la ubica a usted como una parte íntima literaria mía, asunto que no quiero que la deprima mucho menos que la enoje, no, eso jamás, usted sabe que el acto literario requiere elementos muchas veces tangibles.
En estos días un tanto desequilibrados climáticamente he pensado que usted bien podría regalarme algunas palabras impresas, ya que no poseo ni uno, ni una respuesta suya conservo, las pláticas son otra cosa. Es cierto eso lo que dicen —las palabras se las lleva el viento— muchas veces nos ha tocado conversar en compañía del viento y no alcanzo a oírla, y es entonces cuando disfruto mucho observarla, acomodarle el cabello y despejar su frente, tratar de definir ese color terco y travieso en sus ojos. Amo de verdad su presencia, su mirada, su a veces silencio prolongado, sus gestos inquietos, usted, usted.
Quizás se cuestione y diga como otras veces ¿Pero que te puedo decir? ¿Qué te puedo escribir? no sé que decirte. Hay mucho que decir, para comenzar bien podría llenar una plana con estas tres cuestiones y entonces se daría cuenta que ha escrito demasiado. Sólo es una noble sugerencia mía, no me crea tanto, en lo absoluto.
Mientra escribía esto, observaba a la luna, debo decirle que escribo en las noches sus cartas, porque es cuando ya tengo despejada la mente y entonces es fácil pensarla, recrearla, y su persona me llega completa para recibirla con mis ideas. Bueno, observaba a la luna, tengo siempre una ventana abierta para mirar la luna no las estrellas por que son más egocéntricas, tienen una beldad muy microscópica, en cambio la luna es grande, altiva, ilumina quizás hasta los pensamientos.
¿Tendré algún día una carta suya? No pido un tratado sobre las emociones, ni tampoco una exagerada formación de ideas, sólo es una carta.
Hasta entonces

lunes, 22 de noviembre de 2010

CARTA LITERARIA A UNA MESERA OAXAQUEÑA

(a una hermosa mesera que se llevó mis palabras en su buen servicio y suma amabilidad)

Señorita Rubí ¿qué tanto puedo cantarle a su belleza? en un poema no basta, la poesía es sólo una sombra de la realidad. Intenté calmarme con mirarle, sonreirle, hablarle; mas todo fue en vano.
¿Qué la hace hermosa? ¿El paisaje oaxaqueño? ¿El cielo transaparente con sus sonámbulas estrellas? ¿O es que mi sensibilidad de percepción está tan trabajada que es dificil responderse con palabras y es conveniente sólo mirarla, tocarla y amarla? fuese lo que fuese su belleza ya descansa en mi memoria.
Desde que usted se nos acercó a nuestra mesa, los cuatro abandonamos la mirada a su rostro y excelsa figura a su sonrisa y amabilidad en su expresión, nos abandonamos en usted.
Usted fue la musa tangible del "Epigramaa" que le entregué la primera noche y el segundo que le entregué era ya un poema; poema que fue construido con su imagen.
Puede que usted ya jamás nos vuelva a pensar -acto que lamentaré demasiado- o peor aún que ya no me piense a mí, al autor del epigrama y el poema y esta carta.
Hubiera agradecido mucho estar a su lado durante esta permanencia nuestra de una semana aquí en Oaxaca, habríamos ido a recorrer el parque, a observar a las palomas que caminan siempre coquetas, a ver llorar y reconciliarse los novios a oir a los músicos callejeros y cerrar la misteriosa noche oaxaqueña con una taza de café, quizás no le guste a usted este ritmo de divertimento mío, pero yo me habría acoplado a usted.
No me formo una esperanza a su lado, puede que usted esté casada y respeto al matrimonio, sin embargo habría sido maravilloso estar en el ámbito amoroso con mi musa de paso.
Me despido amablemente como usted con su siempre impecable servicio. Gracias

domingo, 7 de noviembre de 2010

LA MUSA


Mi musa, después de todo, tu mirada me implica siempre un nuevo horizonte.

miércoles, 27 de octubre de 2010

DE LAS TANTAS CARTAS

19-10-2010
Prosas presas en su verde mirada

Ayer que la vi, me pareció un portentoso poema difícil de interpretar para un crítico experimentado.
Qué poema, qué imagen, qué palabras con los adjetivos necesarios para embellecer los versos.
Yo no soy crítico, pero no hace falta serlo, para mí, un poema debe ser un conjunto de asombro; placentero al leerlo al observarlo y releerlo.
¿Que por que le escribo cartas? francamente no quiero escribirle a alguien más que no sea usted por una extravagante razón, por el misticismo hablando del lado literario –musa- lo cual no pretendo desarrollar en esta carta, cosa que será tratado con absolutismo quizás en otra carta.
Pasando a otro tema –aunque me desagrade un poco, ya que rompe este introductorio-
¿Recuerda las tres primeras cartas que le entregué en la papelería? Bueno aunque se desconcierte con lo que le pido ahora, me gustaría mucho que siguiera mi petición, quiero que rompa esas cartas, por que están mal redactadas, absolutamente falto de coherencia, de técnica, de limpieza, quizás salieron así ya que era tanto el deseo de entregarle algunas palabras, la rapidez me desconcertó y escribí de ese modo. Le pido eso por que he trabajado en esas cartas y quisiera entregarle las versiones finales como debieron ser escritas desde el inicio, claro está no siempre sale bien algo a la primera intención -me gustaría que cumpliera con lo que le pido…por favor- ya después le entregaré las corregidas por que esas cartas finalmente son para usted, son suyas.
Con esto del retiro de una semana, créame que la pensaré, la extrañaré, y quizás escapen repentinamente algunas palabras a sus ojos, ya que su imagen de alguna manera estará tan distante de mi memoria.
Me complace tenerla como mi querida lectora extranjera, como una lectora a distancia.

Me despido de Usted, de Usted se despide Juven

miércoles, 13 de octubre de 2010

CARTA A MI LECTORA EXTRANJERA

Prosas Presas en su verde mirada
Ay, este cielo, esta tierra, este aire, este usted, caben en un solo lugar: en mis ojos.
Hace rato ladraba mucho un perro que estaba amarrado, no hice caso a su grito, rato después me asomé y vi que frente a sus ojos una pareja de perros hacían el amor, le hacían el amor al enfadado perro encadenado. Sus ladridos no sé que dirían, desconozco el lenguaje de muchas cosas, pero supongo que no estamos lejos de los sentimientos, de las sensaciones de otros seres vivos, y entonces interpreté a través de sus movimientos y del afán por librarse, que buscaba la libertad, no para evitar a esos ineptos desconocedores del amor, sino para matar un amor que nunca debió de atravesarse en sus colmillos. Usted jamás se atravesó, yo fui el atravesado en sus ojos
Descuide, mi amor no es una fiera, es tan humanamente y sencillo que jamás será cazado por unos colmillos
(escrito un dos de octubre -no se olvida-)

sábado, 2 de octubre de 2010

PROSAS PRESAS EN USTED

Señorita Rosario cuando pronuncié su nombre, un himno religioso detúvose en mi boca. Olvidé este mundo y su bella delincuencia tan organizada para nuestra muerte ¡qué mucho necesito para sentirme feliz, no ya su nombre sino un gran minuto de su persona.
En esta/s prosas quizás débiles literariamente, eternizaré los días a su lado: Cines, comidas, cafés y un tanto de actividades únicas usuales: parques, caminatas, agua de coco y etc. de satisfacciones.
Nuestras sombras se mantienen juntas a la distancia y este cielo se desviste de sus nubes para mirarnos a ambos

Juven

domingo, 5 de septiembre de 2010

miércoles, 15 de abril de 2009

Rosario (Chayito)

Nocturno a Rosario, Acuña inmortalizó ese nombre, y yo me topé frente a una Rosario.

Chayo, la mujer de los ojos verdes, me recuerda a veces a las ninfas de Nájera, o las de Becquer. Sin duda está hecha para ser elogiada, muchas veces esos ojos pasaron inadvertidos frente a los míos.
¿Que cómo fue el acercamiento?, pues verás, su labor no le permitía tanta libertad (trabajar en una papelería donde los alumnos se amontonan como hormigas por migaja, es dificil darse tiempo) bueno en este caso la escuela es nuestro lugar de encuentro
Un día yo tambien fui una hormiga hambrienta, entonces todo comenzó cuando fui por unas copias, y fue a partir de ese momento que me percaté de los "ojos verdes" de la señorita Rosario.
Es como la miss X de Jaime Sabines, "menuda, breve, infinita, sin saber nada, dibuja preocupados fantasmas, es como una niña, peguntandole cosas a una anciana" la tomé de la mano y anduvimos toda la tarde de agua.
Es bella, tímida, a veces calla, otras veces ríe, ríe y yo callo. ¿Ninfa, Silfide, Musa?