lunes, 6 de mayo de 2013

Justo ahora me sucede

A veces la memoria nos saca de la infancia, bellas imágenes y otras veces un llanto.

miércoles, 1 de mayo de 2013

FINAL

Y ¿Qué es un final?
Final, decía mi madre que era cuando papá llegaba a casa, porque había trabajado todo el día, y ya tarde tenía que volver a casa pues había finalizado su jornada. Final, también recuerdo en clase, cuando yo entonces estudiaba la primaria, era terminar la clase, finalmente había terminado otro día de asistir a la escuela. Final en la vida, dicen los grandes, los viejos, los sabios, por ejemplo mi abuelo que era el más viejo de la familia mencionaba  que Final era "la muerte" que después de la muerte ya nada existe, todo es nada, la memoria es nada, la vida es nada, incluso Dios es nada y yo que siendo niño, creía que Dios no era nada pues mamá siempre me llevaba a la iglesia para rezar, ella rezaba, yo no, sólo murmuraba al ritmo del rezo pero jamás mencionaba ninguna palabra porque no sabía rezar y hasta la fecha desconozco "la importancia que mi madre daba al rezo". Al concluir la asistencia a la iglesia, mi madre dejaba una veladora encendida, juntos salíamos de la iglesia y ya justo en la puerta, ella volteaba la mirada y se persignaba. Decía ya terminamos, vámonos. Sabía yo que habíamos finalizado, eso era un Final, pero ¿acaso el Final no tiene una continuidad, pues cada sábado ibamos a la iglesia y hacíamos lo mismo.
Final, para mí es como ese cielo, azul, despejado, sin nubes, donde uno puede mirar, poner la punta de los ojos donde uno desee, cambiarlo si quiere, mirar nuevamente y jamás hallar un punto indicado ni establecido. 
Final en la niñez, tal vez sea cualquier cosa, tal vez sea más cierto lo que decía mi abuelo, el viejo o tal vez no, tal vez Final tiene miedo de tener Final y por eso nunca concluye, por eso creo que Final es muy difícil de entender. 

Cuando uno ya es grande y ya piensa mejor y ya trabaja y sabe "romperse el lomo" va entendiendo un poco más sobre qué es Final pero nunca termina de entenderlo absolutamente porque le ponen nuevas definiciones, le instalan en la cabeza nuevas adquisiciones de búsqueda. Bueno eso me dice mi hermana que ya es grande, yo aún no sé "romperme el lomo" tampoco sé que es eso, pero ella llega a casa, cansada, enojada, fatigada y me dice, vengo muriendo; todos los días me rompo el lomo, aunque yo todos los día veo que su lomo está enterito. Finalmente es difícil entender un Final cuando jamás se ha roto el lomo. Yo pronto me romperé el lomo y tal vez cuando llegue a casa diga que estoy fatigado, cansado y enojado sepa que es Final.




lunes, 8 de abril de 2013

Viajes

Me decido a viajar. Pero ¿a dónde? tal vez el lugar no sea la cuestión, sólo es viajar, intervenir miradas y huellas en lugares jamás inolvidables para el futuro de la memoria. Me decido a viajar no solamente yo, sino tú, ustedes y nosotros. Alguien ya ha dicho que me encamino al "genio" y lo agradezco enormemente porque posiblemente me encamime más al ingenuo que al genio, de todos modos un viaje es siempre una novedosa fuga. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

Brevedades

Y es que la situación emocional cambia como una repentina marea. La felicidad varía en definiciónes; la mía es: tomarla de la mano y admirarla toda la tarde.

sábado, 16 de febrero de 2013

La bestia, el amor

Y es que el amor me anda rondando como una bestia y tengo miedo, el amor siempre ha de suscitar esa cadencia emocional y tan natural es como huirle a veces, pero por ahora, dichoso me quedo a esperarlo.

viernes, 8 de febrero de 2013

Instantáneas

Estar unas horas con la persona que se ama y saberla de los pies a la cabeza, mirarla y suscitarle unos parpadeos y algunas sonrisas.
Involucrarnos en un parque y desconocer su horario de cierre. Quedarnos atrapados en ese diminuto edén porque un candado ha sellado la salida.
Terminar el encuentro con dos tazas de café. 

viernes, 25 de enero de 2013

Gratitud

Ayer por la noche, en la avenida Tlahuac, mientras regresaba de haber ido a tomarme un café con "la señorita" me hallé con gran sorpresa. En mi prisa, intenté abordar el metro de la nueva línea dorada con boleto en mano y jamás encontré una ranura para poder acceder y encontrarme del otro lado del torniquete. El policia de guardia me dijo que sólo aceptaban tarjetas, le pedí de favor que si me dejaba pasar, sólo era un pasajero que costaba "tres pesos" el hombre rotundamente con movimiento de cabeza dijo que no, resignado me di la vuelta y me dirigí a la salida o entrada del metro. A unos metros divisé a un punk con el cabello pintado de rojo y junto a él un niño (supongo era su hijo) de tal palo tal astilla. Me interceptó y de su billetera sacó una tarjeta y me dijo.
-Yo tengo tarjeta amigo, vamos, siempre necesitamos de alguien-
Quedé asombrado, acercó la tarjeta a la máquina y me permitió pasar.
Mencioné la palabra habituada -Gracias-

martes, 8 de enero de 2013

Cavilaciones

Entiendo que la muerte realiza efecto de metamorfosis emocional en uno. Pensé en escribirle una carta con toda la franqueza de mis sentimientos, pero todo fue sólo un "pensé" mientras cavilaba las reacciones del destinatario. Somos ajenos y paradójicamente muy cercanos; llegaba a esa conclusión. Además, seguía cavilando, ella muy probablemente no se daría el tiempo en leer mis garabatos colmados de sensibilidad. Hace tres meses murió Gala, en efecto alude a la musa de Dalí, sólo que esta Gala recorría su mundo en cuatro patas, con cola larga, hocico negro, de abundante pelaje color miel, y no hablaba, sino que ladraba. Yo tuve que pasarle el Klennex a la mujer que lloraba la ausencia para siempre de su compañera canina. Para entonces el dolor no fue mutuo, cierto, trabé cariño con Gala, más no pasó de unas breves caricias sobre el lomo. Jack, otro cocker que aún le quedaba a la propietaria, entró en convulsiones, cuenta la propietaria; siete convulsiones en una noche. Ese canino, era muy tranquilo en la clínica, no demostraba sus emociones, no ladraba, no chillaba, no gruñía, era bien portado, sabía respetar lugares ajenos, aunque en casa, cambiaba su conducta, era fiero y valiente, entonaba graves ladridos, me contaba la propietaria. Por eso comencé a profesarle mucho cariño, tal vez ambos nos entendimos mucho ya que ninguno de los dos demostraba su sentimiento con el otro. La propietaria, llorando lo llevó a la clínica para hospitalizarlo, no pasó ni una noche, se fue como siempre, muy callado, con la rectitud de un roble, sus ojos siempre abiertos al mundo. Esta vez, la emoción fue mutua, el llanto de la propietaria parecía pertenecerme. La carta que pensaba en escribirle era, francamente no sé ¿qué podría decirle? ¿acaso mis palabras sensibles no iban a provocar llanto más llanto?. "disculpe, sólo quiero decir que aquí en la clínica, Jack, o, Jacko (como ella le decía) era un perro bien portado, y por lo tanto, siempre mantendré esa imagen en mi memoria" Tal vez, así sería el resumen de mi carta que posiblemente abarcaría tres cuartillas. Piojo, canino de otra propietaria, pasó a ser más mi mascota que de ella, si un día éste abandonara la vida, como lo hicieron Gala y Jack, yo me escribiría entonces mis cartas de condolencia.

domingo, 6 de enero de 2013

2013

Y he acá que inicio el año 2013 con las sábanas enredadas en un ambiente que me es muy familiar; el cuerpo femenino. Nunca recuerdo mis sueños cuando estos evento cálidos acontecen. Pues al despertar a media noche, los brazos delgados, los labios rojos, los pechos uniformes, el cuerpo delgado y la cabellera larga, quebrada, negra con aroma dulce, tranquilizan y entonces vuelvo a dormir.
Apenas, hace poco tiempo, reflexionaba con un amigo, con respecto a la existencia, a la vida. Cierto que cuando llegamos al extremo del análisis sobre este tema, nos consume la nostalgia y es válida y acertada la frase de "sólo vivimos una vez en este mundo" esta sentencia tan universal me da cuerda para continuar entonces mi vida, vivir, existir en un lugar determinado como en lugares indeterminados, no comencemos con suposiciones de moral ni ética (que sí la tengo) sino que después de repensar varias veces "la máxima" en efecto no queda nada de nosotros, ni la memoria posee tanta fuerza  ni cabida en este universo porque ni cenizas quedan de ella, después de muertos. Si por lo menos alguna pequeña porción de memoria quedara de nosotros, como por ejemplo, poder decir: Hace una vida pasada, anduve ahí, así que ahora pretendo pasar por otros rumbos. Hace una vida pasada cometí un grave error y ahora en esta vida vengo a enmendar esa errata. Y etc. No, nada de eso puede ser porque la muerte en sí (para uno) no tiene memoria. Y he acá que inicio el año 2013 con las sábanas enredadas en un ambiente que me es muy familiar cuando amanece y ella me mira y se sonrié de lo acontecido y entonces en lo que llega el sol para suprimir el frío matutino nosotros nos damos a la tarea de otorgarnos calor entre actos violentos haciendo uso de las manos, de las piernas y del cuerpo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Francamente

Francamente no me gusta la navidad. Así de sencillo lo expongo. Miro a los guajolotes que andan pastando en mi casa y con nostalgia me digo; qué feo no señalar algo que no te guste. Ellos pastan, extienden sus alas, hacen unos ruidos extraños y corren detrás de la cáscara de plátano. Los guajolotes chiquitos, los recién nacidos, se refugian bajo las alas de sus madres, pero ¿realmente se protegen?. No me gusta la navidad. Así de sencillo lo expongo.

viernes, 26 de octubre de 2012

COLIGARSE

Hace aproximadamente dos semanas adquirí el libro Dolerse. Textos desde un país herido de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza.
No recuerdo haberme afligido tanto mientras realizaba una lectura o tal vez sí, en la época de mi niñez, cuando leí el libro de Edmundo de Amicis Corazón: Diario de un niño. Sin embargo las emociones fueron distintas, pues toda emoción es imparcial en su momento. Pero a estas alturas, saberse plantado en un terreno donde ya sólo existe la supervivencia y no el de vivir tranquilamente, donde los ciudadanos somos presas de las balas todos los días. Donde el pan de cada día para la mirada es el cadáver de algun hombre, mujer, niño, niña, anciana, anciano... Saberse víctimas, cómplices, cadáveres... Asumir la tristeza, el llanto de la madre que exige justicia para sus dos hijos es en verdad la amargura más efusiva que hasta ahora haya experimentado. El libro, serie de ensayos, crónicas y algunos poemas exhorta a mirar este país desde otra frontera, es desenmascarar esta patria en el que estamos en cierto modo vendados, no ya por la herida sino por la información amarillista. El libro es; reclamos, muchas denuncias. La autora sin proponérselo, narra desde la voz de la madre, de los hijos caídos, de la muerte que acecha día a día, invito a leer este libro para solidarizarse y darse cuenta de que la muerte jamás está lejos.

martes, 16 de octubre de 2012

¿Evocación para qué?

El espíritu solo
Al conmoverse canta:
Cuando el amor lo agita poderoso
Tiembla, medita, se recoge y calla. 
José Asunción Silva
¿Y cómo habría de estar mi espíritu sino temblando? Pero el temblar es cuestión de segundos y exageradamente; minutos. Uno puede ser grosero con métodos muy sutiles: la inteligencia y la sabiduría.
¿Cómo habría de abordar una evocación maravillosa que después se transfiguró tormentosa? por supuesto que no con el silencio, o sólo mirar mirar y mirar y aceptar el "a continuación" la manera más precisa (para mí) es la de convencerse que uno tiene ya en su vida la bandera de la victoria y entonces dar cabida a las voces, las acciónes y no está por demás decir: La conduca camaleónica.

miércoles, 3 de octubre de 2012

SELECCIONADO

Con tanta alegría, saber la noticia que fui seleccionado para estar en la antología del tercer encuentro de poetas nacidos en los 80s Moebius 2012.
http://moebius80.blogspot.mx/

jueves, 23 de agosto de 2012

PRIMER LLANTO

He aquí un poema que fue publicado en la revista Molino de Letras (julio-agosto) de la Universidad de Chapingo.

Primer llanto

Madre, algunas palabras envejecieron contigo:
Golpes,  lluvias que arrastraban mi dolor morado
y yo
lloraba.
Gritos, relámpagos de trenzadas frases
y yo
lloraba.
Envejeció el “¡Guarda silencio!” en un murmullo
sobre la mesa familiar
el día que el odio se atoró en los ojos de mi padre
y tú apretabas los dientes crepitando temor 
mientras yo lloraba.
Envejeció y murió el suave “¡Compórtate!”
fusilado un domingo de  misa
con la bala de tu puño
y yo
                        lloraba.
Madre, a tus pomposas palabras les brotaron arrugas
y mis tardes encanecieron lejos de tu boca —asilo de advertencias—,
lejos de tu sombra  —delantal de mi cuerpo—.
Madre, hoy vengo acompañado de mi mala costumbre ─el llanto─
para obsequiarte la joven palabra: “Descansa.”

jueves, 16 de agosto de 2012

Brevedades de lo efímero


Mis vacaciones de dos semanas fueron en realidad, una nostalgia, provocada por un tercero he de decir.
No puedo describir sensaciones que jamás he vivido o experimentado, sin embargo sé suponer los afectos de las realidades humanas.
—Hace un  mes falleció la esposa de ese señor que vive ahí, en esa casa de terreno amplio —me dice mi hermana mientras enjuaga algunas prendas. La tarde en ese momento era de cielo despejado, de perros echados en la calle mordiéndose el lomo.
—Pobre señor, creo que hace una semana perdió su trabajo —prosigue mi hermana mientras yo acierto con un movimiento con la cabeza. La tarde termina su turno y a continuación la noche llega con sus innumerables ruidos, es entonces cuando veo subir la calle a un hombre que se dirige a su casa, a esa casa de terreno amplio. Avanza con una paciencia terrible, se detiene, observa a su alrededor y justo en la puerta principal recarga su brazo y posteriormente  sobre éste, su cabeza con sombrero de paja, consigo darme cuenta que el hombre está llorando, llora con el clima frio de costumbre, escupe, se seca las lagrimas con el antebrazo, al parecer es inevitable,  agacha la cabeza y entonces escucho su llanto. Le comento a mi hermana lo acontecido y ella con gran tristeza comenta.
—Pobre señor, de verdad siento mucha tristeza por él, pues su hijo que apenas tenía diez y siete años, embarazó a su novia, dejó la escuela y se puso a trabajar, desde entonces al joven también lo noto muy triste, jamás los he visto juntos, nunca he visto que salga con su “ahora esposa” llega de trabajar temprano y se va a caminar al parque, alguna vez me lo encontré ahí sentado, arrojando piedras al azar y cuando, al parecer, se aburre, regresa a su casa, de ahí no vuelve a salir hasta el día siguiente.
No puedo decir nada, comparto la nostalgia ajena y sin embargo me siento parte de esa incidencia. Y así transcurrieron, dos días, tres, una semana y finalmente dos, en que veía llegar a ese señor con la escena nada gratificante para mi alma. No soy nada para poder alterar padecimientos del corazón, pero me pregunté ¿cómo podría superar yo la muerte de mi esposa, más si fue la mujer que amé durante ese transcurso de mi vida? Por supuesto que no obtuve la respuesta, menos ahora que lo he repensado.  Podría adelantarme a conjeturar: Llorar, llorar como aquél hombre hasta comprender que la paz se adquiere a través del tiempo. Y ya entrado en llantos (y no es ironía, como acostumbro) sino, padecimiento humano, dejo acá el poema de Oliverio Girondo mientras lo releo acompañado de un timbre de voz inentendible debido a algunas lágrimas.
Llorar a lágrima viva...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

viernes, 3 de agosto de 2012

viernes, 6 de julio de 2012

TRAS LOS PELDAÑOS


Hoy, costumbre relajante mía, curioseaba por el centro de la ciudad de México, estos día no son precisamente para ejercer esa distracción, bien se puede estar en la casa, sentado sobre el sillón y bendiciendo o maldiciendo las encuestas electorales, tema que últimamente está en reflexión y discusión, no obstante no lamento el no incursionar en ese debate ciudadano porque también es justo respirar a la ciudad en estos momentos, fuera de que si un izquierdista o derechista me gobernará; el pintor y artista plástico, Francisco Toledo hablaba con el raciocinio a partir de muchos años de observación “el poder siempre ha estado en manos de grupos políticos, ya sea del PRI o del PAN, y sin importar quién llegue al poder, aun cuando sea alguien impulsado de forma ciudadana, éste tendrá una serie de compromisos con quienes lo colocaron en el cargo” válgame citarlo, pues ante tal situación, es preciso tranquilizarse y meditar. Pero eso sí, dentro de esta capital, acontecen eventos quizá no de mucho interés general pero sí particular, caso mío, como el de cruzar una avenida sobre una escalera. Muchos se molestarán, el ver cómo gente con complejos de relámpagos se atreven a vencer a los coches atravesando una calle de ocho metros cuando a un lado un paso peatonal se levanta monumentalmente, no digo que yo sea un receloso pero sí un hombre de razón y por demás contradictorio, admito que cuando más joven, confiaba mucho en la agilidad de mis pies, pero últimamente los coches se han duplicado así como muchos malos conductores se lucen en el volante, situación que me ha impulsado a darle uso a las escaleras. No es tan malo subir treinta peldaños y bajar otros tantos, tiene sus ventajas y vaya que son muchas, la primera sería, para la buena articulación, los mexicanos se quejan de sus articulaciones y gastan infinidades en pagar tratamientos; la segunda sería el ejercitar, piernas, talones, nalgas, pantorrillas, pues nos quejamos también de la economía como para pagar un gimnasio, y no solo eso, es decir, que llegar al puente, un panorama distinto a permanecer en la calle, se nos presenta a los ojos, contemplamos una distancia mayor y con mucha más libertad, además de que el mejor lugar que posee el viento es la altura, cabe destacar que en otros lugares es posible darle crédito a los valientes por sus actos suicidas, ya que no todas las escaleras poseen la seducción de pisarlas. Hace tiempo, en Iztapalapa, mientras caminaba sobre una banqueta observaba a una pareja discutir sobre las escaleras, el hombre-novio tenía puesto un pie sobre un peldaño mientras que la mujer-novia se resistía a subir, comencé a caminar despacio, observando a los alrededores y al instante agudizaba mis oídos.
 ̶ Está fea, se mueve al pisarlas y parece tener mucho tiempo, qué tal si estando arriba, se desmorona ̶
̶ Cómo crees, varias veces he atravesado esta escalera y no pasa nada, además mira cuántos coches pasan, esperar a que nos den una entradita para pasar está en chino ̶
Me paré a un lado de ellos, y realizando un sonido gutural indiqué que deseaba subir, se hicieron a un lado, observé cada uno de los peldaños y en menos de un segundo le daba la razón a la mujer, aunque siguiera al pie de la letra las instrucciones ligeras de Julio Cortázar  con “los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente” esa escalera en cualquier momento podría arruinarse y qué mejor que lo hiciera sin cómplices. Decidí continuar mi camino hasta encontrar una nueva escalera donde por fin, tranquilamente aplicara las instrucciones para subir una escalera de Julio Cortázar.

martes, 3 de julio de 2012

Filípica


Imposible me es describirlo de otro modo, mentira sería especularlo armonioso, de lenguaje largo, de sonrisas inquebrantables o de una alegría trascendente. Mi padre fue y es lo que siempre supo ser, de una mirada reflexiva, de unos sustantivos desordenados sin adjetivos, con las manos siempre puestas en el cemento, ladrillos y varillas; mientras a un lado permanecía mi madre, silenciosa, zurciendo pantalones y camisas. Ese hombre permanecía callado, con las piernas cruzadas, se sentaba en el patio de la casa y miraba al horizonte —tal vez jamás estuvo en paz con mi madre, y probablemente anheló constantemente su huída — como se mira un deseo sin lograrlo.
Debo decir también que jamás me dijo —te quiero— porque mi padre no tenía tiempo y mucho menos para desperdiciarlo en tres sílabas, si con esfuerzo ablandaba los labios para nombrar a mi madre. Nunca supe ni entendí del porqué su coraje, yo le miraba partir las leñas con un hacha pesada y apilarlas junto a la pared de la casa. En ocasiones cuando ataba la yunta con una seriedad dura como el de los toros, a cinturonazos me ordenaba ayudarlo, con las lagrimas en los labios yo iba tras de él, arrojando las mazorcas para el sembrado. Y si mi madre intervenía por nosotros le iba peor. Recuerdo que una noche, ya todos dormidos, mi padre se levantó, se despojó el cinturón y de un puño cerrado en la cara levantó a mi madre, ésta, llorando intentó defenderse y con la hebilla del cinturón le reventaron los labios, la sangre escurría sobre las cobijas y el lloriqueo de mi hermana menor y el mío armonizaban el cuarto, así el odio me fue conduciendo a alejarme de ese hombre, —no me avergüenzo en decirlo—.
Lo quise, sin duda, pero cada vez que presenciaba esa escena roja, me decía —ojalá se muera pronto, pronto, pronto— y no moría y no moría. A veces mi madre se levantaba a las dos o tres de la mañana y se dirigía a la cocina a llorar, yo, quedito, iba tras de ella y le miraba cubrir su llanto y dolor por el humo de las leñas mientras preparaba el café  y al verme me sonreía con los ojos hinchados y la cara morada, yo la abrazaba llorando, llorando y después me secaba las lagrimas en su falda. Mi padre es y será siempre ese hombre triste, con un pasado jamás expuesto, nunca vi que abrazara a mi madre, era un hombre de emociones cerradas, sabía golpear bien, poseía el arte de la rudeza, jamás dijo palabras hermosas a mi madre, tal vez este último lo heredé bien de él, pues soy un hombre de poco afecto. Alguna vez me cargó sobre sus hombros, pero sólo para cruzar un río gigante —en ese entonces para mí—  y nadamás, después me bajaba y continuaba caminando junto a él, siempre silenciosos. Mi padre de poco amor, me enseñó que se puede odiar de una manera precisa.